Los Garchikón, la nueva esperanza de la música
También conocidos como los Davey Brothers, los hermanos Davey aceptaron una charla con nuestro diario para hablarnos de su primera placa (llamada Tobul Boy), de sus proyectos y de sus expectativas. Una visión única sobre la realidad musical de hoy en día.
Una puerta de madera, forrada con fórmica del mismo color constituye la mágica y enigmática entrada a un mundo fantástico en donde las partículas de aire están compuestas por pentagramas, las palabras se transforman en música y los sentimientos devienen inevitablemente en melodías.
Recostado en un antiguo sillón gastado que luce su tapizado setentista, se encuentra Luis, "Lucho", para los amigos. Apaga cansinamente su cigarrillo en un cenicero del que desborda su gris contenido, y advierte con la mirada la presencia de un extraño que ha irrumpido en su sacro templo musical.
Saludo, tratando de disimular mi estupor. Genios musicales como éste no se ven todos los días... Me siento tentado a arrodillarme ante él y ofrecerle mis reverencias, pero él rápidamente me hace entrar en confianza: "Hola, ¿qué acelga? ¿todo viento?". Apenas puedo recomponerme por su humilde demostración de sencillez, cuando el semidios del sonido me invita a sentarme en un sillón similar al de él. Acepto, encantado. Me presento entre tartamudeos provocados por los nervios que me produce saber que la distancia que nos separa es un escaso metro y medio.
Observo tímidamente la gomaespuma que se desborda en una punta del sillón, como para mentalizar mi mente mental en otra cosa, y no abrumarme. Me dispongo a apoyar mi gastado portafolio en el piso, cuando a mis espaldas oigo el suave chirriar de una puerta que una vez abierta deja al descubierto la forma etérea del que ahora me presentan como Rodolfo, "decime Fito, como Plancton jeje" me dice; me incorporo atentamente y estrecho su bendita mano. De la habitación que él acaba de desocupar, comienza a emanar una serie de efluvios que mi cerebro primitivo identifica inmediatamente como "olor a mierda", aunque sólo las mentes superiores comprenden que sucesos como ése son inherentes al proceso compositivo.
Se sienta a un costado del sillón que estaba habitando su congénere, y me advierte, cariñosamente, "ehhh, sacá la valijita de ahí que hace un rato gomitó el bobi". A duras penas puedo salir de mi éxtasis, pero obedezco sus mandatos.
Con un leve cabeceo, Lucho me comunica que ya están prestos a compartir su sabiduría…
P: Davey Brothers… ¿Cómo surgió el nombre?
Fito: Yo a mi hermano lo conozco desde que nací. Compartimos el mismo uteró (uteró es útero en francés).
Lucho: Aparte, vistes como dicen, que los hermanos sean unidos, pero no tanto porque se convierten en siameses.
Fito: Ugh! Qué asco!
P: ¿Cómo transcurrió su infancia?
Lucho: Yo erutaba en la mesa. Siempre, bah, casi siempre. Y Fito comía salchichas crudas. Es todo lo que me acuerdo.
Fito: Bah, pasa que este ya se está poniendo viejo, no se acuerda de nada… ¿Qué te puedo contar? (mira hacia abajo, y revuelve en los recovecos de su existencia; luego de un breve silencio, se sonríe y relata) Nuestra casa de la infancia estaba en Almirante Cactus, un pueblo de la localidad de Nenuco, bien alejado de la ciudad. Vivíamos con mi mamá, el abuelo y una tía Silvia que nadie conocía, pero vivía ahí igual. Era un lindo terrenito… Lucho y yo dormíamos en la habitación de atrás; ya de adolescentes, la transformamos en estudio. Mi mamá tenía un lindo cuarto, muy grande, y con vista al frente. La tía Silvia trabajaba de mañana. A la tarde, cuando llegaba, enterraba la cabeza en el hormiguero y ahí se quedaba hasta pasadas las 9. El abuelo dormía en un sillón, nunca se levantaba. Estaba ahí, nomás, no miraba tele ni nada, no decía nada, no opinaba, no pestañaba. Un buen día desapareció sin dejar rastro, pero eso pasó muchos años después.
P: Se puede decir que fue una niñez apacible…
Fito: Se pueden decir muchas cosas. Lucho, por ejemplo, puede decir “calefón” al revés, pero no lo hace siempre porque se le acalambra la lengua.
P: ¿En qué momento se despertó su vocación musical?
Lucho: A eso de las 8 menos cuarto… Decía que era madrugadora, pero siempre se quedaba dando un par de vueltas en la cama.
Fito: Nuestra adolescencia fue un momento muy duro para nosotros. Mateyko estaba pasando por una conjuntivitis terrible con el planeta Corky, y eso trajo secuelas muy graves para todos los habitantes, incluyendo a Michael Jackson. La psicocorchosis estaba en su auge, y todos andábamos experimentando con cosas raras.
P: Por ejemplo…
Lucho: Por ejemplo, desayunábamos con vodka y lavandina.
Fito: Sí, o Poett on the Rocks
P: ¿Probaron alguna sustancia prohibida alguna vez?
Fito: Bueno, una vez nos hicimos un té de chespirito.
Lucho: Cierto, ahí compuse mi primer tema. Le puse “Uaaaaa loco que flaaaaash” A partir de ahí, nos aferramos a la música con todas nuestras fuerzas.
Fito: Cierto. En un momento tuvimos que amordazarla, y atarla a una silla. Después se fue acostumbrando la pobre.
P: ¿Quién fue su principal influencia musical en esa época?
Lucho: Xuxa.
Fito: En mi caso, Torment---(interrumpe la entrevista un pedazo de mampostería que cae estrepitosamente al suelo. Fito no se da por aludido y continúa) Juan Ramó--- (de repente, una lechuza irrumpe en el recinto haciendo trizas el vidrio de la ventana, atrapa con sus zarpas al bobi, y huye tan intempestuosa como llegó. Nos quedamos todos en silencio. Nadie atina a decir una palabra. Los miro a los dos, mudo, con los ojos desmesuradamente abiertos y la boca fruncida por el miedo. Fito arriesga, finalmente…) y… por supuesto… José…
Lucho: ¡NO, FITO, NO LO DIGAS!
P: ¡¡POR FAVOR!! ¡¡TENGO DOS PEQUEÑOS AXOLOTES QUE ME ESPERAN EN CASA!!
Fito: Joséeee….
Lucho: NOOOOOOOOO
Fito: Joséeee… Vvvv…
P: ¡¡PIEDAAAAD!!
Fito: José Larralde
P: Fiuuuu….
Fito: ¡JOSÉ VELEZ!
(Hay momentos en que parece que toda tu vida se desplegara delante de tus ojos, como una película, por cierto, muy mala y de bajo presupuesto. En el segundo que atisbé hacia fuera, y oí aquel feroz rugido, creí desfallecer)
Lucho: ¡Fito! ¡Mirá lo que hiciste! ¡Es Mariamartaserrazilla!
Desde afuera se escuchaba claramente el terrible cántico gutural que manaba desde lo profundo de su cavidad bucal: ¡¡QUE ES LO QUE TIENE EL QUE NO ME MIRA NI ME TOCA COMO AMMMMTES!!
Me asomé aterrorizado a la ventana para presenciar el horrendo espectáculo. Mientras la ciudad de La Garaba se retorcía en estertores y gritos de horror y fulop, nosotros no pudimos hacer otra cosa que cagarlo bien a trompadas a Fito.
Quiero dejar bien claro que esta nota hubiera terminado fatídicamente de no estar unos pisos más arriba el humorista Jorge Corona, que al grito de “¡PUGLIESE PUGLIESE PUGLIESE! ¡BEETLEJUICE BEETLEJUICE BEETLEJUICE!” se arrojó al vacío seguido de un clown vestido con lencería de encaje, a modo de sacrificio que milagrosamente aplacó la indómita furia de Serrazilla. GRACIAS JORGE! TE LLEVAMOS EN LO MAS PROFUNDO DE NUESTRO BULBO RAQUÍDEO!
Recostado en un antiguo sillón gastado que luce su tapizado setentista, se encuentra Luis, "Lucho", para los amigos. Apaga cansinamente su cigarrillo en un cenicero del que desborda su gris contenido, y advierte con la mirada la presencia de un extraño que ha irrumpido en su sacro templo musical.
Saludo, tratando de disimular mi estupor. Genios musicales como éste no se ven todos los días... Me siento tentado a arrodillarme ante él y ofrecerle mis reverencias, pero él rápidamente me hace entrar en confianza: "Hola, ¿qué acelga? ¿todo viento?". Apenas puedo recomponerme por su humilde demostración de sencillez, cuando el semidios del sonido me invita a sentarme en un sillón similar al de él. Acepto, encantado. Me presento entre tartamudeos provocados por los nervios que me produce saber que la distancia que nos separa es un escaso metro y medio.
Observo tímidamente la gomaespuma que se desborda en una punta del sillón, como para mentalizar mi mente mental en otra cosa, y no abrumarme. Me dispongo a apoyar mi gastado portafolio en el piso, cuando a mis espaldas oigo el suave chirriar de una puerta que una vez abierta deja al descubierto la forma etérea del que ahora me presentan como Rodolfo, "decime Fito, como Plancton jeje" me dice; me incorporo atentamente y estrecho su bendita mano. De la habitación que él acaba de desocupar, comienza a emanar una serie de efluvios que mi cerebro primitivo identifica inmediatamente como "olor a mierda", aunque sólo las mentes superiores comprenden que sucesos como ése son inherentes al proceso compositivo.
Se sienta a un costado del sillón que estaba habitando su congénere, y me advierte, cariñosamente, "ehhh, sacá la valijita de ahí que hace un rato gomitó el bobi". A duras penas puedo salir de mi éxtasis, pero obedezco sus mandatos.
Con un leve cabeceo, Lucho me comunica que ya están prestos a compartir su sabiduría…
P: Davey Brothers… ¿Cómo surgió el nombre?

Fito: Yo a mi hermano lo conozco desde que nací. Compartimos el mismo uteró (uteró es útero en francés).
Lucho: Aparte, vistes como dicen, que los hermanos sean unidos, pero no tanto porque se convierten en siameses.
Fito: Ugh! Qué asco!
P: ¿Cómo transcurrió su infancia?
Lucho: Yo erutaba en la mesa. Siempre, bah, casi siempre. Y Fito comía salchichas crudas. Es todo lo que me acuerdo.
Fito: Bah, pasa que este ya se está poniendo viejo, no se acuerda de nada… ¿Qué te puedo contar? (mira hacia abajo, y revuelve en los recovecos de su existencia; luego de un breve silencio, se sonríe y relata) Nuestra casa de la infancia estaba en Almirante Cactus, un pueblo de la localidad de Nenuco, bien alejado de la ciudad. Vivíamos con mi mamá, el abuelo y una tía Silvia que nadie conocía, pero vivía ahí igual. Era un lindo terrenito… Lucho y yo dormíamos en la habitación de atrás; ya de adolescentes, la transformamos en estudio. Mi mamá tenía un lindo cuarto, muy grande, y con vista al frente. La tía Silvia trabajaba de mañana. A la tarde, cuando llegaba, enterraba la cabeza en el hormiguero y ahí se quedaba hasta pasadas las 9. El abuelo dormía en un sillón, nunca se levantaba. Estaba ahí, nomás, no miraba tele ni nada, no decía nada, no opinaba, no pestañaba. Un buen día desapareció sin dejar rastro, pero eso pasó muchos años después.
P: Se puede decir que fue una niñez apacible…
Fito: Se pueden decir muchas cosas. Lucho, por ejemplo, puede decir “calefón” al revés, pero no lo hace siempre porque se le acalambra la lengua.
P: ¿En qué momento se despertó su vocación musical?
Lucho: A eso de las 8 menos cuarto… Decía que era madrugadora, pero siempre se quedaba dando un par de vueltas en la cama.
Fito: Nuestra adolescencia fue un momento muy duro para nosotros. Mateyko estaba pasando por una conjuntivitis terrible con el planeta Corky, y eso trajo secuelas muy graves para todos los habitantes, incluyendo a Michael Jackson. La psicocorchosis estaba en su auge, y todos andábamos experimentando con cosas raras.
P: Por ejemplo…
Lucho: Por ejemplo, desayunábamos con vodka y lavandina.
Fito: Sí, o Poett on the Rocks
P: ¿Probaron alguna sustancia prohibida alguna vez?
Fito: Bueno, una vez nos hicimos un té de chespirito.
Lucho: Cierto, ahí compuse mi primer tema. Le puse “Uaaaaa loco que flaaaaash” A partir de ahí, nos aferramos a la música con todas nuestras fuerzas.
Fito: Cierto. En un momento tuvimos que amordazarla, y atarla a una silla. Después se fue acostumbrando la pobre.
P: ¿Quién fue su principal influencia musical en esa época?
Lucho: Xuxa.
Fito: En mi caso, Torment---(interrumpe la entrevista un pedazo de mampostería que cae estrepitosamente al suelo. Fito no se da por aludido y continúa) Juan Ramó--- (de repente, una lechuza irrumpe en el recinto haciendo trizas el vidrio de la ventana, atrapa con sus zarpas al bobi, y huye tan intempestuosa como llegó. Nos quedamos todos en silencio. Nadie atina a decir una palabra. Los miro a los dos, mudo, con los ojos desmesuradamente abiertos y la boca fruncida por el miedo. Fito arriesga, finalmente…) y… por supuesto… José…
Lucho: ¡NO, FITO, NO LO DIGAS!
P: ¡¡POR FAVOR!! ¡¡TENGO DOS PEQUEÑOS AXOLOTES QUE ME ESPERAN EN CASA!!
Fito: Joséeee….
Lucho: NOOOOOOOOO
Fito: Joséeee… Vvvv…
P: ¡¡PIEDAAAAD!!
Fito: José Larralde
P: Fiuuuu….
Fito: ¡JOSÉ VELEZ!
(Hay momentos en que parece que toda tu vida se desplegara delante de tus ojos, como una película, por cierto, muy mala y de bajo presupuesto. En el segundo que atisbé hacia fuera, y oí aquel feroz rugido, creí desfallecer)
Lucho: ¡Fito! ¡Mirá lo que hiciste! ¡Es Mariamartaserrazilla!
Desde afuera se escuchaba claramente el terrible cántico gutural que manaba desde lo profundo de su cavidad bucal: ¡¡QUE ES LO QUE TIENE EL QUE NO ME MIRA NI ME TOCA COMO AMMMMTES!!
Me asomé aterrorizado a la ventana para presenciar el horrendo espectáculo. Mientras la ciudad de La Garaba se retorcía en estertores y gritos de horror y fulop, nosotros no pudimos hacer otra cosa que cagarlo bien a trompadas a Fito.
Quiero dejar bien claro que esta nota hubiera terminado fatídicamente de no estar unos pisos más arriba el humorista Jorge Corona, que al grito de “¡PUGLIESE PUGLIESE PUGLIESE! ¡BEETLEJUICE BEETLEJUICE BEETLEJUICE!” se arrojó al vacío seguido de un clown vestido con lencería de encaje, a modo de sacrificio que milagrosamente aplacó la indómita furia de Serrazilla. GRACIAS JORGE! TE LLEVAMOS EN LO MAS PROFUNDO DE NUESTRO BULBO RAQUÍDEO!

1 comentarios:
muy buen vuelo loco...un disloque interesante...
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