DESCUBREN UNA TRIBU AMAZÓNICA QUE SE COMUNICA CON EL ANO
Es la primera vez que tienen contacto con la civilización - No obstante tienen una conexión clandestina de cable - La tribu se autodenomina los “ananafizz”
Florrr de sorpresa se llevó el científico Jack Wareté cuando procediendo a “echarse un cloro” en uno de los tantos árboles que crecen en la selva amazónica advirtió un alegre chorrito que tintineaba en el lado opuesto del tronco. “Pensé de que era algo de la resaca, siempre tengo visiones... – admitió el famoso antropólogo – Pero no, ahí lo tenía, enfrente mío: un grone como los de los dibujitos que me estaba mirando como para afanarme el walkman”. Más tarde testimoñó de que el nativo comenzó a emitir sonoras flatulencias, “pero sin olor, porque, después supe, eran amistosas”. Acto seguido, el indígena echó a correr y se perdió en la espesura selvática. Anonadado, Wareté retornó al campamento y relató a sus compañeros lo sucedido.
De inmediato se pusieron en marcha para incursionar hacia lo profundo de la selva y allí encontrar el asentamiento de la tribu. Ya de noche dieron con ella: “Al principio no sabíamos bien para dónde ir, pero Tito, es decir, Ricardo Sarampión, uno de los guías de la expedición se percató de un extraño ruido monótono que surgía de alguna parte al sur de la espesura”. El sonido, de acuerdo a las descripciones de los miembros de la expedición, era algo así como “Rrrrr...Rrrrr... Prrrr...Fssss”. “Cuando llegamos estaban todos participando de una especie de ceremonia – relató el prestigioso antropólogo – que después supimos de que se trataba del “Ritual de la Nutria”. Todos estaban, ehem, flojos de cuerito, tenían la panza llena de aire. Ahí nos dimos cuenta de que el indio que yo había visto al principio, no era que se había cagado, sino que ése era precisamente su modo de comunicación. Cuando nos vieron, se les frunció el orto y se quedaron todos callados”
Igualmente, esta tribu parece ser amistosa, ya que invitó a todo el grupo a algo que ellos llaman “Behr-múh”. En ese contexto, más distendidos, ellos se dieron a conocer: se autodenominan los “ananafizz”. En cuanto a su particular modo de comunicación, para ellos es natural, y se ríen de las articuladas vocalizaciones de los científicos.
Wareté, por su parte ya esbozó una teoría: “Deben tener una alteración en su celebro que les permite hablar con el ojetti. Lo más notable es de que este lenguaje es mucho más útil que el articulado: cuando van de pesca (ellos hacen pesca subacuática, agarran al pez vivito y culeando), se comunican bajo el agua por medio del ano; lo usan como guoquitoqui. Nopucid! Es bárbaro!!”
Wareté admitió de que se encuentra verdaderamente interesado en aprender esa lengua, pero los nativos le dijeron de que “se aprende con el espíritu, de que no se aprende en ningún curso, hay que aprender a hablar con el corazón” (órgano que ellos sitúan cerca del duodeno). La última noche la pasaron en familia mirando “Ritmo de la Noche” por medio de una conexión clandestina al cable.
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La estatuita del Gauchito Fizz


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